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Autor: Miguel Barandiarán Fecha: 23 de septiembre de 2008 Editorial: No


Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Editar

¿El fin de los foros fotográficos y monumentalmente extensos? ¿Quién se atrevería a plantear semejante cuestión? ¿La UME?, ¿LINCE? No. El ciudadano.

Los Estados han profundizado en obras de infraestructura tan grandes que, tras la inversión tan grande no han querido ver lo que tenían ante sus ojos. Después de constatar el fracaso poblacional, social y político del modelo de Estado Digital de la Primavera de 2008, nadie quiso reconocer que una doctrina política que sirve a determinados intereses nunca traerá nada bueno al conjunto.


Durante el mes de mayo de 2008, Timeria desarrolló por primera vez los territorios de Estado Digital, los cuales fueron acogidos con una enorme expectación por parte de todo el panorama intermicronacional: una nueva revolución había comenzado en el micronacionalismo, y en esta ocasión parecía que iba a cambiar el panorama incluso a nivel anglosajón y no únicamente hispano, sobre todo cuando, tras las reuniones entre la Unión Micronacional Europea y la North American Micronations Asociation, ésta última mostró pleno interés por desarrollarse según el modelo importado de Europa.

Esta revolución pasaría a ser conocida en el lenguaje entre expertos micronacionalistas como la Primavera de los Estados Digitales.


Pero no tuvo que pasar mucho tiempo, apenas un mes después, las rencillas entre los dos principales partidos de Timeria acabarían por desestabilizar un modelo en el que se habían invertido casi 50 ecus (5,5 euros) para su desarrollo. Los salarios percibidos por la empresa a la que el gobierno encargó el desarrollo y construcción de las infraestructuras de territorios digitales fueron sumamente cuantiosos, teniendo en cuenta que en otras micronaciones.- como Waterland, Estados Unidos Digitales o Nova Edeno -, nadie recibió ni un céntimo por dichas labores.


Muy pronto, empresas privadas vinculadas al que por aquel entonces era el partido de la oposición quisieron sacar tajada del asunto, y provocaron una ridícula votación en el Senado que concluyó afirmando que el gobierno de Timeria tendría que abandonar los territorios digitales. Los ciudadanos, hastiados y sin apenas derecho a opinar en todo el embrollo, fueron invitados apenas unas pocas semanas después a volver a repoblar los territorios, y esta vez su respuesta fue nula. El modelo de la Primavera del Estado Digital había fracasado.


No tardarían en surgir problemas similares en el resto de micronaciones que, fascinadas por el modelo creado en Timeria, intentaron imitarlo, unas con mayor éxito y otras con menos. Por aquella época –conviene recordar que nos referimos a inicios del verano de 2008-, era frecuente que prácticamente a diario surgiese una nueva micronación en el ámbito intermicronacional de habla hispana. Muchas micronaciones muy jóvenes y con apenas uno o dos ciudadanos se lanzaron a la aventura de desarrollar y construir todo un país digital desde la nada, y sucumbieron ante la falta de población. Muchas perdieron por ello su prestigio, algunas incluso el que habían alcanzado como Estado Físico.




Si algo ha quedado claro es que, tras las últimas reformas, los foros con territorios digitales desarrollados no solo no atraen nuevos ciudadanos sino que espantan los que una micronación ya tiene.

En consecuencia, la micronación ha de tener en cuenta dos factores fundamentales a la hora de profundizar en la forja del Estado Digital, que son la claridad en los contenidos y la sencillez en el espacio.


Efectivamente, hay que concluir que la crisis actual del modelo de Estado Digital, en su fase otoñal, adquiere comportamientos sistemáticos al acumular las dimensiones financiera, monetaria, alimentaria y energética. Dicha crisis ha hecho que surjan fuertes contradicciones en el sistema y entre sus «élites»: pone en la picota la hegemonía de Timeria y de la Federación de Micronaciones Ibéricas, especialmente en las jóvenes micronaciones de habla hispana, donde han llegado al poder gobiernos nacionalistas, algunos de los cuales ansían una independencia que en ocasiones llega a recordarnos los primeros meses al poder de Rummel en Sarre o La Roca, entonces tienen que recurrir a la nacionalización de grupos financieros, decadencia de las instituciones financieras intermicronacionales, que pierden toda credibilidad, cuando ni siquiera hay empresarios que sean capaces de desarrollarlas, y cuando ni un solo gobierno micronacional tiene un marco de actuación de simulación económica realista, como durante un tiempo tuvo el Mundo Digital.


Ante todo este panorama, nos encontramos con una nueva relación de fuerzas intermicronacional, que ha dejado atrás la hegemonía de dos grandes superpotencias – la antigua Sarre de Rummel y la Federación de Micronaciones Ibéricas -, y ahora se presenta como un mundo multipolar con el creciente peso de influencia de las únicas micronaciones que aguantan aún pese a la crisis poblacional, económica, política y social: Waterland, Nova Edeno y Netpolis.




¿Qué nos espera? Editar

No sería descabellado aventurarse en el porvenir y afirmar, sin temor a equivocarse, que todo apunta a que la potenciación de los nacionalismos soberanos activará guerras relacionadas, en parte, con las ambiciones de influencia competitivas y las veleidades expansionistas de la Federación Ibérica, hundimiento del modelo de Primavera de Estado Digital y tensiones en torno a la UME y a LINCE, evolución de regímenes políticos nacionalistas hacia formas autoritarias en las micronaciones de habla hispana europeas, y un mayor protagonismo en el panorama de Hezpenya.


Este nuevo paisaje altera lo que se podría llamar el «consenso microcomunitario», sellado a principios del verano de 2008 por las micronaciones hispanas de nueva generación. Hasta ahora, las diferentes micronaciones, implícita o explícitamente, se habían agrupado en torno a la UME o a LINCE, identificando así un adversario común y homogéneo, un tipo de políticas simbolizado, y a veces impuesto, por las potencias micronacionales más importantes – Federación Ibérica, Hezpenya y Timeria -, aplicado por todos los gobiernos y dominante en la ideología de las élites en cada micronación que iba surgiendo. Es significativo que, durante el mes de agosto, un gran número de movilizaciones y reuniones del MICROCOMMUNITY se han realizado aún sin saberlo sus dirigentes contra los intereses de las potencias intermicronacionales. Ciertamente las reuniones seguirán contra ellas, pero ya que, debido a las razones específicas de cada una, todas atraviesan crisis profundas – FMI y Timeria sobre todo por la crisis económica en el macroestado español -, en pocos meses dichas reuniones y alternativas a LINCE y a la UME ya no tendrán la misma razón de ser.




¿Qué podemos hacer? Editar

Por lo tanto, debemos preguntarnos si en la actualidad también sigue siendo pertinente el concepto que engloba el Estado Digital. Mientras que durante la Primavera de 2008 el micronacionalismo personificaba una simbiosis entre la dimensión física (los pueblos habitados, el comercio físico real), y la digital (los foros, en los que se trataba de atraer ciudadanos para conseguir un mayor laboratorio de ideas y por tanto mayor influencia y ser así una potencia de primer nivel intermicronacional), ahora sufre el desmoronamiento de la coherencia digital. Paradójicamente, mientras que esta relativa debilidad habría podido fortalecer las organizaciones alternativas a la UME y a LINCE, más bien las sacude aún más en la miseria de ideas y de influencia. En efecto, retomando el análisis de la obra expuesta por Abraham Jasbleidy para reivindicar la forja y puesta en marcha del Estado Digital, podríamos afirmar ya sin temor a equivocarnos que «no podrá desarrollarse el Estado Digital si no se desarrolla primero una base consensuada entre todas las micronaciones, para que exista una libre circulación de bienes y servicios, además de ciudadanos, un consenso microcomunitario». Esto es, para que el Estado Digital empiece a funcionar correctamente, se debe de encontrar un punto de unión entre el mayor número posible de micronaciones, y a partir de ahí, una vez la paz y la amistad estén aseguradas, deben de iniciarse los trámites para que un ciudadano de la micronación A pueda viajar, vivir y desarrollar su vida social en la micronación A y B, sin que exista ningún tipo de impedimento por parte de ninguno de los dos gobiernos, ni trabas burocráticas o de foro, como en la actualidad existen con los extensos y complicados foros con territorios digitales de fotografía.


Numerosas ventanas abiertas a la vez, así como numerosas secciones de foro, dan la sensación psicológica al ciudadano de cansancio, con lo que éste mucho más pronto que tarda acaba agotándose y frustrándose al no poder comprender el funcionamiento y organigrama del Estado, por lo que acaba desistiendo y abandonando la micronación.


Estos nuevos modos de Estado Digital permitirían desarrollar una relación estable entre las micronaciones y organizaciones y originar así una progresión dinámica y práctica en torno a las cuestiones clave que se han planteado, en cada período histórico, a todos los movimientos partidarios del Estado Digital: la independencia, su conquista y el asentamiento final del micronacionalismo.

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